Parashat Mishpatim

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Resumen: D's enumera a Moshé varias series de leyes: leyes sobre los esclavos, leyes sobre actos de violencia, leyes sobre responsabilidades de amos y dueños, leyes sobre la restitución, y leyes humanitarias de diversa índole. Finaliza con algunos preceptos relativos a las tres grandes fiestas anuales, y prometiendo que, si los israelitas permanecen obedientes a sus preceptos, Él les dará la victoria cuando entren en Canaán.

 

Moshé regresa desde las alturas del monte Sinaí y, luego de escribir todos los preceptos que le fueron transmitidos por D's, ofrece sacrificios y lee el Libro del Pacto al pueblo, el cual se compromete a obedecer. Por orden del Señor, Moshé, Aharón, Nadav y Avihú, junto con setenta ancianos, ascienden al monte, donde presencian una visión de la gloria divina. Después de descender, Moshé es convocado para recibir las tablas de la Ley, quedando Aharón y Jur a cargo del pueblo. Seguido por Iehoshúa (quien se queda en la parte baja de la montaña), Moshé sube nuevamente al monte Sinaí, que permanece cubierto por una nube; luego de una semana, D's le dice que entre en el centro de la bruma. Moshé se queda allí durante cuarenta días.

Comentario: Sin duda, oír la voz del Todopoderoso desde el Monte Sinaí fue una experiencia arrebatadora. Pero, luego de ese momento sublime, era necesario pasar al terreno de lo cotidiano, de las relaciones entre los seres humanos.

"Ve Tsedek miShamáim nishkaf", canta el salmista: "la justicia se refleja desde los cielos". Es en nuestro tiempo y en nuestro mundo en donde debemos lograr que ese reflejo no sea una ilusión óptica, sino algo posible. Es decir, recrear el accionar de D's en nuestro medio. Pero... ¿Cómo lograrlo?

A diferencia de las leyes que tenían las naciones vecinas a Israel, para la Torá ni la inteligencia humana ni el azar determinan en un juicio quién es culpable y quién inocente. Propiamente, Hashem se ocupó de reglamentar en su Palabra leyes que abarcan las situaciones más diversas que se puedan presentar.

Cualquiera podría preguntar: ¿por qué Hashem santificó como preceptos a las leyes que refieren a las relaciones entre las personas? Es común escuchar frases tales como: "yo no soy religioso, pero soy una buena persona: no robo, no mato, cumplo mis obligaciones como ciudadano". Frases de este tipo intentan demostrar que, sin ser creyente, se pueden respetar las leyes básicas para vivir en sociedad.

Pero la Torá va más lejos que eso. Por ejemplo, cuando se dice que no se debe afligir a las viudas y a los huérfanos (Shemot 22:22), la estructura de la frase en su idioma original sugiere que las personas que observan a quien hace sufrir a una viuda o a un huérfano y no interceden, son partícipes y cómplices de lo que sucede. ¿Acaso la lógica humana no indica: "no te entrometas para no complicarte"? Por otra parte, es relativamente fácil "ser bueno" cuando se vive en un contexto tranquilo y previsible. Pero sólo quien tiene internalizados los mandatos divinos puede seguir respetando los códigos de convivencia en momentos de desastre individual y/o colectivo.

Es que no hay nadie que no tenga claro lo importante que son las leyes básicas de convivencia para la comunidad (hasta los delincuentes tienen sus propios códigos). Sin embargo, los seres humanos tropezamos continuamente. Ahora podemos comprender por qué Hashem debió colocar el monte de Sinai sobre las cabezas del pueblo de Israel. La lógica humana jamás podrá construir una sociedad plenamente justa. Solamente el amor por los mandatos divinos puede garantizar una armonía plena entre los seres humanos.

"El que dice: "Yo le conozco", y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; pero el que guarda su Palabra, en éste verdaderamente el amor de D's se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en Él" (1 Juan 1:4,5)

¡Shabat Shalom!!!

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